El pueblo riojano que el Papa Francisco definió como “el mejor del mundo”
Pituil, una pequeña localidad de La Rioja ubicada sobre la Ruta 40, empieza a ganar visibilidad turística por su historia, su patrimonio cultural y el recuerdo de una frase que Jorge Bergoglio pronunció antes de convertirse en Papa.

En el norte de La Rioja, entre paisajes áridos, montañas rojizas y antiguos caminos andinos, un pequeño pueblo comenzó a captar atención turística por una historia vinculada directamente con el Papa Francisco.
Se trata de Pituil, una localidad del departamento Famatina que Jorge Mario Bergoglio visitó en 1973 durante una misión jesuita por la región y que, según recuerdan en el lugar, definió como “el mejor pueblo del mundo” tras conocer la zona y probar su tradicional grapa artesanal.
Ubicado sobre la Ruta Nacional 40 y a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, Pituil forma parte de una región que en los últimos años comenzó a posicionarse dentro del turismo del norte argentino por su combinación de patrimonio histórico, cultura local y paisajes de montaña.
La localidad se encuentra dentro del corredor turístico de Famatina, una de las áreas riojanas que busca ampliar su desarrollo turístico más allá de destinos tradicionales como Chilecito o Talampaya.
Historia, cultura ancestral y turismo de identidad
Más allá de la anécdota vinculada con Bergoglio, Pituil conserva distintos elementos históricos y culturales que explican parte de su crecimiento turístico.
Uno de los principales es el Museo Arqueológico de Pituil, donde se preservan piezas vinculadas con la Cultura de La Aguada, una de las civilizaciones prehispánicas más importantes del noroeste argentino.
La región también conserva vestigios del Qhapaq Ñan, el histórico Camino del Inca reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO, además de construcciones tradicionales de adobe y antiguas edificaciones religiosas.
Entre ellas se destaca la Iglesia Santo Domingo de Guzmán, construida entre fines del siglo XIX y convertida hoy en uno de los puntos centrales de las celebraciones religiosas de la localidad.
El crecimiento de los pueblos pequeños dentro del turismo argentino
El caso de Pituil acompaña además una tendencia que empieza a crecer dentro del turismo nacional: el interés por pueblos pequeños, destinos menos masivos y experiencias más vinculadas con identidad local y turismo rural.
En distintas provincias del norte argentino, localidades con fuerte tradición cultural y menor desarrollo urbano comienzan a captar viajeros que buscan circuitos alternativos frente a destinos más consolidados.
El fenómeno también se relaciona con el crecimiento del turismo slow y las escapadas orientadas a naturaleza, gastronomía regional y experiencias de cercanía con las comunidades locales.
En Pituil, uno de los productos más representativos sigue siendo la elaboración artesanal de grapa, una bebida tradicional obtenida a partir de residuos sólidos de la uva tras la vinificación y que forma parte de la identidad productiva de la región.
A más de 50 años de aquella visita de Bergoglio, la frase atribuida al actual Papa continúa funcionando como uno de los símbolos más conocidos de la localidad y como parte de la identidad turística que hoy busca posicionar a Pituil dentro del mapa del norte argentino.




