El viñedo más alto de Mendoza

En plena cordillera y a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, Uspallata empieza a posicionarse como una de las nuevas fronteras de la vitivinicultura de montaña.

La industria del vino en Argentina comenzó a expandirse hacia territorios cada vez más extremos. Uno de los proyectos que más llama la atención está ubicado lejos de las zonas vitivinícolas tradicionales, en plena alta montaña.

En Uspallata, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, funciona actualmente uno de los viñedos más altos de Mendoza, un desarrollo que busca posicionar a la cordillera mendocina dentro del mapa de los vinos de altura premium.

El proyecto comenzó en 2008 y con el paso de los años se consolidó como una de las experiencias más particulares de la vitivinicultura argentina. A diferencia de regiones tradicionales como Valle de Uco o Luján de Cuyo, Uspallata presenta condiciones climáticas y geográficas mucho más exigentes para el cultivo de vid.

La altura extrema, la amplitud térmica, la fuerte radiación solar y los suelos de origen cordillerano generan vinos con perfiles distintos a los tradicionales mendocinos: mayor frescura, mineralidad y acidez natural.

El fenómeno se da además en un contexto global donde la industria del vino busca nuevas regiones y terroirs capaces de ofrecer productos diferenciados y adaptados a consumidores que priorizan identidad, origen y microproducciones.

En distintas partes del mundo, la tendencia hacia vinos de altura y climas más fríos viene creciendo tanto por razones enológicas como por los efectos del cambio climático sobre las regiones históricas de producción.

En ese escenario, la alta montaña mendocina comienza a ganar protagonismo como una nueva área de exploración para proyectos boutique y producciones premium.

Actualmente, en Estancia Uspallata se desarrollan variedades como Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir, aprovechando las condiciones naturales de altura para lograr perfiles más frescos y aromáticos.

El proyecto también acompaña otra transformación cada vez más visible dentro del turismo mendocino: el crecimiento de experiencias vinculadas con montaña, naturaleza y propuestas alejadas de los circuitos tradicionales.

Además de la producción vitivinícola, el emprendimiento incorpora gastronomía y alojamiento en un entorno rodeado de paisajes cordilleranos, quebradas y vistas panorámicas de los Andes.

Mientras Mendoza continúa consolidándose como una de las capitales internacionales del vino, desarrollos como el de Uspallata muestran que todavía existen nuevos territorios por explorar dentro de la vitivinicultura argentina.

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